Tinkus Wistus
  Carnaval de Oruro
 

"Los meses de Noviembre, Diciembre y Enero nos prepararemos intensamente rumbo al Carnaval a realizarse los días 13 y 14 de Febrero en la ciudad de Oruro. La Directiva".

HISTORIA DEL CARNAVAL DE ORURO

El Carnaval de Oruro, es un Proceso Cultural que se caracteriza por un alto grado de Interculturalidad y de Intangibilidad que rebasa los 2000 años, se realiza en un espacio cultural que obedece a procesos de acumulación y selección de manifestaciones culturales.

Asimismo, constituye una expresión cultural popular y tradicional de valor excepcional desde el punto de vista filosófico, histórico económico, antropológico, lingüístico, etnológico, sociológico, artístico y literario. Este acontecimiento cultural de valor excepcional es el resultado del genio creador humano, individual y colectivo que demuestra un profundo arraigo en una sociedad de tradición cultural de las comunidades descendientes de las antiguas civilizaciones.

Por último, es una manifestación que permite afirmar la identidad cultural de la diversidad de pueblos participantes y constituye un medio privilegiado de acercamiento entre estos pueblos y comunidades deseosos de compartir el acervo de sus antepasados, con respeto por su diferencia y el reconocimiento a las otras manifestaciones espirituales EL CARNAVAL DE ORURO.

El Carnaval de Oruro es una manifestación cultural cuya dinámica se expresa a partir de tres factores: la interculturalidad, la intangibilidad y la globalización social LA INTERCULTURALIDAD.

El carnaval de Oruro se desarrolla en función de la relación de lo social en el tiempo y en el espacio, generando un proceso de convivencia entre culturas.

Este hecho muestra en el proceso histórico un espacio cultural. Oruro, que ha tenido y tiene continuidad en el tiempo y expresa que a mayor interculturalidad mayor universalidad en el sentido de tolerancia y respeto por la diferencia y a menor interculturalidad mayor énfasis en lo particular con menor tolerancia y respeto por la otredad. Por consiguiente a mayor interculturalidad este espacio cultural alcanza una dimensión universal.

INTANGIBILIDAD
El Carnaval Oruro es un hecho material que lleva consigo en particular, danza, música, actitudes, simbología, cosmovisión, ritualidad, mitos y comportamientos que son. resultado de un proceso Intangible que involucra creatividad y socialización como sus componentes más importantes; además la continuación en el proceso del mensaje intangible que surge luego de la manifestación tangible.

Este proceso intangible se manifiesta entre etapas pre-colonial, colonial y post-colonial.

En la etapa pre-colonial. La dinámica intercultural mencionada y ligada a un espacio cultural (Oruro) constituirá el precedente del Carnaval futuro, en las serranías sagradas, desde entonces - cercanas a Oruro donde, una serie de mitos, creencias y comportamientos han dado lugar a la construcción de una intangibilidad qué corresponde a un tiempo cíclico relacionado con las actividades agrícolas y el culto, al agua.

Durante la etapa colonial. Se produce una dicotomía en el espacio cultural ( Oruro ), donde además, de los dos polos tradicionales (mantenimiento del antiguo orden intangible e introducción de nuevos símbolos procedentes de la cultura occidental: culto a la Virgen) existe un polo alternativo. Durante esta etapa la intangibilidad responde a una concepción cíclica del tiempo según el calendario agrícola y las festividades religiosas.

Durante la etapa post-colonial. El proceso de intangibilidad sigue un camino más complejo que transita desde lo popular a lo masivo, igualmente arraigados a la antigua tradición. Con el correr del tiempo la tendencia popular y tradicional va hacia la masificación del Carnaval.

El Carnaval de Oruro como proceso cultural expresa un alto grado de intangibilidad, en el correr del tiempo. Es así que al observar la manifestación del Carnaval de Oruro comprobamos que el proceso cultural intangible ha llegado a un grado de integración de los diferentes elementos de la cultura tradicional y popular.

GLOBALIZACION SOCIAL
El generalizado fenómeno de la globalización económica en el mundo, representa un desafío en otros campos de la espiritualidad. Frente a este panorama no queda sino rescatar lo esencial de los valores culturales de un determinado ámbito y reconocer la necesidad de su desarrollo en un espacio mayor. Es indispensable apreciar las manifestaciones culturales desde el punto de vista local, nacional e internacional, particularmente con la finalidad de mejorar la calidad de nuestras manifestaciones culturales

El proceso del Carnaval de Oruro parte de un conocimiento inicialmente local, uno de cuyos componentes básicos, es la conducta religiosa de la población nativa. Esta se proyectó hacia capas inmediatas de la sociedad orureña, como los grupos socio-culturales urbanos y una jerarquía cada vez mayor, hasta presentarse como un fenómeno social de integración universal. Este proceso debe entenderse como un mecanismo vertical, que parte de un núcleo menor de la sociedad hacia otros mayores. Y esto también implica necesariamente la atención a otros componentes del fenómeno, como la belleza de la expresión, su coreografía, su arte, técnicas de elaboración de máscaras y vestimentas, su música y su poesía y la creación literaria. Sin duda este proceso tuvo como raíz la percepción de manifestaciones culturales remotas, como son: los mitos, leyendas y tradiciones.

El Carnaval de Oruro tiende a abarcar sociedades mayores que salen del esquema netamente local y aún nacional, alcanzando aceptación internacional. Es decir, se trata de un proceso interno que culmina en otro externo cada vez mayor. En este ámbito todos los protagonistas y destinatarios de esta expresión cultural deben entender desde afuera hacia adentro lo que es el Carnaval de Oruro.

Debe insistirse en que el Carnaval de Oruro es una manifestación de la cultura tradicional y popular, única y peculiar Este carácter le permite insertarse en ámbitos internacionales.
Fuente: Documento Elaborado en Mesa Redonda ACFO

BREVE ANTECEDENTE ETNO HISTORICO
El Carnaval de Oruro, tiene su origen en el misticismo ancestral que el hombre de estas latitudes Uru - andinas practicaba. Los antecedentes previos al término “carnaval” son, los ritos primitivos que dan origen a la religiosidad Uru, los de domesticación a la llama, los de la caza a la taruka (ciervo andino), los ritos al Tiw y las que básicamente son conocidas como anatas o fiestas de la siembra y cosecha que obedecen a la cosmovisión y calendario agrícola andino respectivamente, dentro los distintos procesos culturales que alteraron los tiempos y espacios sacralizados, hasta llegar en profundidad al tiempo mítico y místico del desarrollo Uru-kolla, antes del Aymaro-tihuanacota, las conquistas del Imperio Quechua, que el expansionismo Inca, jamás pudo mimetizar ni extirpar, al igual que lo intentare luego la conquista espanola, asumiendo ésta, diferente conducta dogmatizante y aculturadora, sangrienta y humillante, que ha “patronimizado” las manifestaciones de la cosmovisión andina, enajenando las deidades propias con la imposición de otras del santoral católico, frente a la otra, la nuestra, acostumbrada al rito silencioso, alejado, escondido, discreto, enérgico y suficientemente telúrico y politeísta. Invocaciones a la Pachamama (madre tierra), al Tiw o Tío Uru, al supay de los parajes mineros, son el sustento intangible de esta grandiosa manifestación que viene a nuestro tiempo, como tiempo permanente y numinoso, a decir de Rudolf Otto -“como una cosa ganz andere-, como algo radical y totalmente diferente”.

Marca 1789, el calendario ibérico católico. La entronización de la imagen de la Virgen de la Candelaria, conocida por los locales como la Virgen del Socavón; nace en esa época la intención de hiperdulizar los ritos indios y empatronarlos con la Virgen morena, proceso extirpador que no pudo conseguir su objetivo, al contrario, tuvo el catolicismo que integrarse a la ritualidad indígena y compartir tiempo y espacio hierofánico y teofánico. Sin fundirse ni confundirse, es el mismo caos que se vuelve sagrado, es el mismo hombre que no adultera su creencia, no entrega su fe, no reverencia a Dios si no tiene al lado su propia Waca. Leyendas como Huari y los urus, de la mitología altiplánica, que fundamenta la aparición de una “bella Ñusta” que defiende de las plagas monstruosas que envía Huari, (la víbora por el sud, el sapo por el norte y las hormigas por el este), a este pueblo pacífico de los Uru Uru; convirtiendo a cada una de estas, en pétreos testimonios de su innatural grandeza, vinculada en la colonia precisamente con la Virgen. Debieron pasar muchos años para que xpiamismo (cristianismo) ibérico mestice esta leyenda e ingenie otras como las del Chiru Chiru o la del Nina Nina, para que en 1789 los mineros a la imprecación y descubrimiento de la imagen, resuelvan reverenciarla durante tres días al año, desde el sábado de peregrinación, domingo de carnaval y lunes declarado del diablo y del moreno y despedida de la Virgen, con sendas fiestas. En este festejo debía usarse disfraces a semejanza de los diablos y al ritmo de su propia música, que por cierto es otro elemento indescifrado en su composición, al igual que el anonimato del autor de tan hermoso y singular fresco de la Candelaria.

Coexisten Maria y pachamama, el diablo extranjero se impregnan de localismo Uru, el Tiw, es luego tío; es, desde ese tiempo la Diablada, que junto al catolicismo, el rito indio es convertido en carnaval andino y un auto sacramental es convertido en el “relato de la Diablada

 

SINCTRETISMO DEL ADVENTO EN ORURO

Durante el Siglo XVI, los Autos Sacramentales, definen ciertas estructuras en el proceso de dominación, son parte de esta estrategia pedagógica de la conquista antisemita en la causa extirpadora la suplantación de los actos rituales originales con las DANZAS MISIONALES, entre las que contamos: Danza de los diablos o “la DIABLADA”, Danza de los morenos o “la MORENADA”, Danza de los Incas o “los INCAS” y se conservan vulnerables pero si mayor ingerencia de los misioneros las demás vertientes de expresión que hacen al hecho.

Acudimos a la semiología del vestido,  para realizar una lectura cabal de los símbolos y los íconos aprendidos y que se sujetan a sus albores, manifestadas en actitudes propias e imaginarios propios, para luego ser confundidos o pretenciosamente mimetizados por otros elementos de valores externos que aculturizan los originarios. Por ello es importante a partir del vestido descifrar los elementos culturizantes, los deculturizadores y contraculturizadores, del Individuo como sujeto cultural.

En este orden de pretensiones  analizar los RELATOS, que caracterizan a cada una de estas “DANZAS”, que tratan de explicar el origen y las motivaciones con contenidos transversales en diferentes temáticas. Esta actitud pedagógica que genera actos penitenciales y confunde las ofrendas materiales con las “espirituales”. Cada oficio tiene características propias que están definidas por aspectos más gremiales, por ejemplo los elementos denotativos resultan ahora ser características que las diferencian de una a otra institución de la misma especialidad o corriente de expresión cultural.

Del mismo modo podemos evidenciar o constatar, las trastocaciones e inventivas de la clase política, cuando discierne sobre las motivaciones y orígenes de estas manifestaciones de la religión dentro la cultura andina.

Por ello resulta altamente peligroso que se considere como fuente referencialmente básica esa imaginería política e ideológica que quieren darle al Carnaval de Oruro y sus expresiones que la componen, otros valores sociales cuya intencionalidad se basan en principios del materialismo histórico. “será su interpretación”, lo que no implica el obedecimiento sumiso a tal temperamento interesado.

Fundados en las aproximaciones que pretenden definir y conceptualizar, Cultura y Folklore, imprimimos en este interloquio, que: “Es el CARNAVAL DE ORURO, una expresión bi-cultural, urbana, posee raigambre étnica y su tradicionalidad es de carácter popular y mestizo y su modo de transmisión es predominantemente oral” Diferenciándose nítidamente de las culturas étnicas, mono-culturales.

Asumiendo este intento de definir débilmente la fundamentación “folk”, de nuestro Carnaval, podríamos entonces colegir con cierta exactitud , que somos producto de imbricaciones transculturales, que el proceso de aculturación ha sido el mecanismo de sobre vivencia de las raíces étnico-culturales y la aparente sobre posición de nuevos valores exógenos, consumándose una coexistencia de dos culturas diferentes, paralelas, una oficial, la otra “clandestina,” pero también oficial, con categoría cultural religiosa de ambas, sin lograr hegemonía ni suplantación definitiva pese a ser inquisidora junto a la cruz de la conquista.

De qué parte, hasta qué parte, es católico, de qué parte, hasta qué parte es étnico, cuales son los rasgos que predominan en cada una de las expresiones y manifestaciones simbólicas, en cada uno de los actores del hecho, institucionales o individuales, hay motivaciones que llevan a la inventiva, ya sea por asimilación involuntaria, originada por la imposición  de nuevos valores por la psicología de mercado que emiten los medios masivos o simplemente por la acción imitativa propia de la cualidad humana, que vive de arquetipos foráneos, sobredimensionando sus ilusiones y aspiraciones individuales, sin medir sus cualidades y potencialidades del ego, perdiéndose en el éxtasis de la suplantación de su propia personalidad, que contagia pandemicamente, mucho más a grupos humanos con marcada debilidad de identidad cultural como son la mestiza y la chola, generando con acopiados supuestos y ajenos una nueva clase, la media, que hace para sí la vigencia indígena y asume la criolla para generar con absoluto sincretismo la dualidad que hoy se pretende tomar en inventario y catálogo.

Mayor y riesgosa empresa solo se podrá contando con los instrumentos precisos y con la soltura predispuesta de los “actores”, que en definitiva son la fuente portadora de la riqueza oral y hacedores del imaginario material que nos permite percibir la majestuosidad de este hecho, el excepcional Carnaval de Oruro.

 

Ascanio J. Nava Rodríguez

 
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